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André Breton

Textos extraídos de antología homónima publicada por Jaime Campodónico
Editor (Lima, 1993). Las versiones al castellano son de Armando Rojas.

André Breton nació en Normandía en 1896, y murió en París en 1966.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMERO LA VIDA

A Philippe Soupault

 

Primero la vida a esos prismas sin espesor así los colores sean más puros
Primero a esta hora siempre gris a esos terribles automóviles de frías llamas
A estas piedras reblandecidas
Primero este corazón trabado
A esta ciénaga de murmullos
Y a este blanco tejido cantando a la vez en el aire y en la tierra
A esta bendición nupcial que une mi frente a la de la vanidad total
Primero la vida

Primero la vida con sus sábanas conjuratorias
Sus cicatrices de evasión
Primero la vida primero esta roseta sobre mi tumba
La vida de la presencia nada más que la presencia
Donde una voz dice ¿Estás ahí? y otra responde ¿Estás ahí?
Ay casi no estoy
Y aun cuando favoreciéramos a aquéllos que damos muerte
Primero la vida

Primero la vida primero la vida Infancia venerable
La cinta que sale de un faquir
Se parece a la barrera del mundo
Pese a que el sol sea un deshecho
Por muy poco que el cuerpo de una mujer se le parezca
Sueñas contemplando detenidamente la trayectoria
O sólo cerrando los ojos sobre la tormenta adorable llamada tu mano
Primero la vida

Primero la vida con sus salas de espera
Cuando uno sabe que nunca será admitido
Primero la vida a estas fuentes termales
Donde el servicio está hecho por collares
Primero la vida desfavorable y larga
Cuando aquí los libros se volvieran a cerrar sobre anaqueles menos suaves
Y cuando allí se estuviera más a gusto que nunca se estuviera libre
Primero la vida

Primero la vida como fondo de desdén
A este rostro suficientemente bello
Como el antídoto de esta perfección que ella pide y teme
La vida ese embuste de Dios
La vida tal un pasaporte virgen
Una pequeña ciudad tal Pont-á-Mousson
Y como todo ya se dijo
Primero la vida

 

 

 

 

SILUETA DE PAJA

A Max Ernst

 

Dadme unas joyas de ahogadas
Dos nidos
Una cola de caballo y una testa de maniquí
Perdonadme luego
No tengo tiempo para respirar
Soy un sortilegio
La construcción solar me ha retenido hasta aquí
Ahora ya no tengo más que dejarme matar
Pedid la tabla
De prisa el puño cerrado encima de mi cabeza que comienza a sonar
Un vaso donde se entreabre un ojo amarillo
El sentimiento también se abre
Mas las princesas se aferran al aire puro
Tengo necesidad de orgullo
Y de algunas gotas insípidas
Para recalentar la marmita de enmohecidas flores
Al pie de la escalera
Pensamiento divino en el cuadrado constelado de cielo azul
La expresión de las bañistas es la muerte del lobo
Tomadme por amiga
La amiga de los fuegos y de los hurones
Os mira profundamente
Alisad vuestras penas
Mi remo de palisandro hace cantar vuestros cabellos
Un sonido palpable sirve la playa
Negra por el furor de las sepias
Y roja por el letrero

 

 

 

 

UNA Y MIL VECES

A Francis Picabia

 

Al amparo de las pisadas que en la tarde alcanzan una torre frecuentada por
signos misteriosos en número de once
La nieve que tomo con la mano y que se funde
Esta nieve que adoro sueña y soy uno de esos sueños
Yo que sólo concedo al día y a la noche la estricta juventud necesaria
Son dos jardines en los cuales se asean mis manos que no tienen nada que
hacer
Y mientras los once signos descansan
Tomo parte en el amor que es un mecanismo de cobre y de plata en los setos
Soy uno de los más delicados engranajes del amor terrestre
Y el amor terrestre oculta los otros amores
A la manera de los signos que ocultan mi espíritu
Una cuchillada perdida silba al oído del paseante
Deshago el cielo como un lecho maravilloso
Pende mi brazo del cielo con un rosario de estrellas
Que día a día desciende
Y cuya primera cuenta va a desaparecer en el mar
En lugar de mis colores vivientes
Pronto no habrá más que la nieve sobre el mar
Los signos aparecen en la puerta
Son de once colores diferentes y sus dimensiones respectivas os harían morir
de piedad
Uno de ellos tiene por obligación bajar y cruzarse de brazos para entrar en la
torre
Oigo al otro arder en una región floreciente
Y aquel a caballo en la industria en la escasa industria montañosa
Parecida al onagro que se alimenta de truchas
Los cabellos los largos cabellos manchados
Definen el signo que porta el escudo dos veces ojival
Desconfiad de la idea que hacen rodar los torrentes
Mi construcción mi bella construcción página a página
Casa hecha necesariamente de vidrios a cielo abierto a suelo totalmente
abierto
Es una falla en la roca suspendida por unos anillos en la varilla del mundo
Es una cortina metálica que se tira sobre inscripciones divinas
Que vosotros no sabéis descifrar
Los signos no han tocado a nadie más que a mí
Irrumpo en el desorden infinito de las súplicas
Vivo muero de un extremo a otro de esta línea
Línea extrañamente medida que une mi corazón al antepecho de vuestra
ventana
Me comunico a través de ella con todos los prisioneros del mundo

 

 

 

 

AIRÓN

A Marcell Noll

 

Si al menos alumbrara el sol esta noche
Si en el fondo de la Opera dos senos relucientes y claros
Compusieran para la voz amor la más maravillosa letra viviente
Si el pavimento de madera se entreabriese en la cima de las montañas
Si el armiño mirara con aspecto suplicante
Al sacerdote de turbantes rojos
De vuelta del baño contando los coches cerrados
Si el eco lujoso de los arroyos que yo importuno
No lanzara sino mi cuerpo en los prados de París
Por qué no graniza en el interior de las joyerías
La primavera al menos no me causaría más temor
Si al menos yo fuera una raíz del árbol del cielo
Por último el bien en la caña de azúcar del aire
Si se hiciera un estribo con las manos a las mujeres
Que contemplas bella silenciosa
Bajo el arco de triunfo del Carrousel
Si el placer ordenara bajo la apariencia de un transeúnte eterno
Los Aposentos no siendo más surcados que por el guiño violeta de los
senderos
Qué no daría yo para que un brazo del Sena se deslizara bajo la Mañana
De todas maneras perdida
No estoy resignado tampoco a las salas acariciantes
Donde suena el teléfono de las multas del atardecer
Al partir he prendido fuego a un mechón de cabello que es el de una bomba
Y el mechón ahonda un túnel bajo París
Si al menos mi tren penetrara ese túnel

 

 

 

 

LÍNEA QUEBRADA

A Raymond Roussel

 

Nosotros el pan seco y el agua en las prisiones del cielo
Nosotros los adoquines del amor todas las señales interrumpidas
Que simbolizamos la gracia del poema
Nada nos expresa más allá de la muerte
Cuando la noche para salir se calza sus botines de charol
Tomamos el tiempo como se presenta
Como un muro divisorio a aquél de nuestras prisiones
Las arañas hacen encallar el barco en la rada
No hay más que tocar no hay nada que ver
Más tarde enseñaréis lo que somos
Nuestras obras se hallan aún bien protegidas
Pero es el alba de la última costa el tiempo se echa a perder
Luego portaremos allende el lujo de la peste
Nosotros un mínimo de escarcha sobre los hacinamientos humanos
Y nada más
El aguardiente cura las heridas en una bodega cuyo tragaluz deja ver un
camino ribeteado por grandes paciencias vacías
No preguntéis dónde estáis
Nosotros el pan seco y el agua en las prisiones del cielo
El juego de cartas al cielo raso
Levantamos apenas una punta del velo
El restaurador de vajilla trabaja sobre una escala
Parece joven a pesar de la losa
Llevamos su luto en amarillo
El pacto no ha sido todavía firmado
Las hermanas de la caridad provocan
Evasiones al horizonte
Atenuamos tal vez al mismo tiempo el bien y el mal
Es así como se cumple la voluntad de los sueños
Gente que podríais
Nuestro rigor desaparece en el pesar de los deshechos
Somos las estrellas de la seducción más terrible
El colmillo del ropavejero Mastín sobre los trapos floridos
Nos lanza al furor de ávidos tesoros
No agreguéis nada a la deshonra de vuestro propio perdón
Basta para una causa sin fin
Armar vuestros ojos con esas lágrimas ridículas que nos alivian
El cuerpo de las palabras es dorado esta noche y ya nada existe en vano

 

 

 

 

LA UNIÓN LIBRE

 

Mi mujer cabellera de lumbre de leño
Pensamientos de relámpagos de calor
Talle de reloj de arena
Mi mujer talle de nutria bajo los dientes del tigre
Mi mujer boca de escarapela y de ramillete de estrellas de última magnitud
Dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca
Lengua de ámbar y de vidrio frotados
Mi mujer lengua de hostia apuñalada
Lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Lengua de piedra increíble
Mi mujer pestañas de palotes de escritura de niño
Cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer sienes de pizarra de invernadero
Y de vapor en los cristales
Mi mujer hombros de champaña
Y de fontana con testas de delfines bajo el hielo
Mi mujer muñecas de fósforos
Mi mujer deds de azar y de as de corazón
Dedos de heno segado
Mi mujer axilas de marta y de fasces
De noche de San Juan
De alheña y de nido de escalares
Brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de alianza de trigo y de molino
Mi mujer piernas de fuegos artificiales
De movimientos de relojería y de desesperación
Mi mujer pantorrilas de médula de saúco
Mi mujer pies de iniciales
Pies de manojos de llaves pies de calafates en trance de beber
Mi mujer cuello perlado de cereales
Mi mujer pechos de Val d'or
De citas en el lecho mismo del torrente
Senos nocturnos
Mi mujer senos de collado
Mi mujer senos de crisol de rubíes
Senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer vientre de despliegue de abanico de los días
Vientre de garra gigantesca
Mi mujer dorso de pájaro que huye vertical
Dorso de azogue
Dorso de luz
Nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de precipitación de un vaso donde se acaba de beber
Mi mujer caderas de navecilla
Caderas de lámpara y de plumas de flecha
Y de tallos de plumas de blanco pavorreal
De balanza insensible
Mi mujer nalgas de greda y de amianto
Mi mujer nalgas de dorso de cisne
Mi mujer nalgas de primavera
Sexo de gladiolo
Mi mujer sexo de yacimiento y de ornitorrinco
Mi mujer sexo de alga y de bombones antiguos
Mi mujer sexo de espejo
Mi mujer ojos llenos de lágrimas
Ojos de panoplia violeta y de agua imantada
Mi mujer ojos de sabana
Mi mujer ojos de agua para beber en prisión
Mi mujer ojos de leño siempre bajo el hacha
Ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego

 

 

 

 

NO HA LUGAR

 

Arte matinal arte nocturno
La balanza de las heridas llamada Perdona
Balanza roja y sensible al peso de un vuelo de pájaro
Cuando las amazonas cuello de nieve las manos vacías
Impulsan sus carros de vapor por los prados
Veo esta balanza siempre enloquecida
Veo el ibis de finos modales
Que regresa del estanque atado en mi corazón
Las ruedas del sueño encantan los espléndidos carriles
Que se elevan muy alto sobre las caracolas de sus vestidos
Y el asombro se precipita aquí y allá sobre el mar
Ve mi querida aurora no olvides nada de mi vida
Toma esas rosas que trepan al pozo de los espejos
Toma el aleteo de todas las pestañas
Toma hasta los hilos que mantienen el paso de los danzarines de cuerda y de
las gotas de agua
Arte matinal arte nocturno
Aparezco a la ventana muy lejos en una ciudad presa de espanto
Afuera hombres en bicornio se persiguen a intervalos regulares
Parecidos a las lluvias que yo amaba
Cuando hacía un tiempo tan hermoso
"A la rage de Dieu" es el nombre de un cabaret donde entré ayer
Está escrito en el vidrio blanco con letras más palidecidas
Pero las mujeres-marinos que tras el cristal se deslizan
Demasiado felices son para sentir miedo
Aquí el cuerpo siempre el asesinato sin pruebas
Nunca el cielo siempre el silencio
Nunca la libertad sino para la libertad

 

 

 

 

LAS ACTITUDES ESPECTRALES

 

No otorgo ninguna importancia a la vida
No sujeto con un alfiler el más mínimo anuncio vital que se da importancia
No ofrezco ninguna importancia a la vida
Pero los ramajes de sal los blancos ramajes
Todas las burbujas de sombra
Y las anémonas de mar
Descienden y respiran en el interior de mi pensamiento
Nacen de los llantos que no derramo
Pasos que no doy pasos que son dos veces pasos
Y cuya arena recuerda la marea ascendente
Los barrotes están en el interior de la jaula
Y las aves proceden de muy alto a cantar ante estos barrotes
Un pasaje subterráneo une todos los perfumes
Un día se internó una mujer
esta mujer se hizo tan radiante que me fue imposible verla
Con estos ojos que me vieron arder a mí mismo
Tenía ya la edad que tengo ahora
Y vigilaba sobre mi pensamiento como un guardián nocturno en una fábrica
inmensa
Único guardián
La glorieta encantaba siempre los mismos tranvías
Las imágenes de yeso no habían perdido nada de su expresión
Mordían el higo de la sonrisa
Conozco un tapiz en una ciudad desaparecida
Si se me ocurriera mostrarme ante vosotros envuelto en ese tapiz
Creeríais en la proximidad de vuestro fin
Como en el mío
Al fin las fontanas comprenderían que no es preciso decir Fontana
Se atrae a los lobos con los espejos de nieve
Poseo una barca desatada de todo clima
Soy arrastrado por un banco de hielo con dientes de llama
Corto y atravieso la madera de este árbol que siempre será verde
Un músico se pierde en las cuerdas de su instrumento
El Pabellón Negro del tiempo de ninguna fábula infantil
Aborda un bajel que ahora es solo el fanatsma del suyo
Hay tal vez una guardia en esta espada
Pero en esa guardia ya existe un duelo
En el curso del cual dos adversarios se desarman
El muerto es el menos ofendido
El porvenir es jamás

Las cortinas que nunca fueron alzadas
Flotan en las ventanas de futuras mansiones
Los lechos formados de todos los lirios
Se deslizan bajo las lámparas de rocío
Alguna tarde llegará
Las pepitas de luz permanecen inmóviles bajo el musgo azul
Las manos que hacen y deshacen los nudos del amor y del aire
Guardan toda su transparencia para los que ven
Ven las palmas en las manos
Las coronas en los ojos
Pero el brasero de coronas y de palmas
Se ilumina no hace más que iluminarse en lo más profundo de la floresta
Allí donde los ciervos inclinando la cabeza contemplan los años
Aún no se escucha sino un débil latido
De donde proceden mil ruidos más leves o más sordos
Y ese latido se perpetúa
Existen vestidos que palpitan
Y su palpitar existe al unísono de ese latido
Pero cuando quiero ver el rostro de aquéllas que los llevan
Una densa niebla se alza de la tierra
Al pie de los campanarios detrás de los más elegantes depósitos de vida y de
riqueza
En las gargantas que oscurecen entre dos montañas
Sobre el mar a la hora en que el sol comienza a extinguirse
Los seres que me hacen señales están separados por las estrellas
Y sin embargo el coche que pasa a toda velocidad
Lleva incluso mi última indecisión
Quién me espera allá en la ciudad donde las estatuas de bronce y de piedras
han cambiado de lugar con las estatuas de cera
Banianos banianos

 

 

 

 

EL VERBO SER

 

Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se halla necesariamente en una mesa servida en una terraza, en el atardecer, al borde del mar. Es la desesperación y no el regreso de una cantidad de hechos sin importancia como las semillas al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una roca o el vaso para beber. Es un barco acribillado por la nieve si queréis, como los pájaros que caen y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña delimitada por joyas capilares. Es la desesperación. Un collar de perlas para el cual uno no sabría encontrar un broche y cuya existencia ni se sostiene en un hilo, tal la desesperación. Del resto no hablemos. No hemos terminado de desesperarnos si comenzáramos. Yo, me desespero por la pantalla a las cuatro, me desespero por el abanico a medianoche, me desespero por el cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene corazón, la mano queda siempre en la desesperación sin fuerza, en la desesperación cuyos hielos no nos dicen jamás si murió. Vivo de esta desesperación que me encanta. Amo esta mosca azul que vuela en el cielo a la hora que musitan las estrellas. A grandes rasgos conozco la desesperación, de vastos asombros menudos, la desesperación de la altivez, la desesperación de la cólera. Me levanto cada día como todo el mundo y descanso los brazos sobre un papel floreado, no me acuerdo de nada y siempre es con desesperación como descubro los hermosos árboles desarraigados de la noche. El aire de la habitación es bello como palillos de tambor. Hace un tiempo increíble. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Es como el viento de la cortina que me asiste. ¡Se conoce semejante desesperación! ¡Fuego! Oh van a venir de nuevo... ¡Socorro! Helos aquí cayendo por la escalera... Y los anuncios del periódico y los avisos luminosos a lo largo del canal. ¡Montón de arena, vete, especie de montón de arena! En sus grandes rasgos la desesperación no tiene importancia. Es un hacinamiento de árboles que una vez más van a hacer una foresta, es un hacinamiento de estrellas que una vez más van a hacer un día de menos, es un hacinamiento de días que una vez más va a hacer mi vida.

 

 

 

 

UN HOMBRE Y UNA MUJER ABSOLUTAMENTE BLANCOS

 

Al fondo mismo de la sombrilla veo a las prostitutas maravillosas
Su vestimenta algo descolorida del lado del reverbero color del bosque
Ellas pasean consigo un gran sobrante de papel mural
Como no se le puede contemplar sin una congoja en los antiguos pisos de una
casa en demolición
O bien una caracola de mármol blanco caída de una chimenea
O bien una red con esas cadenas que se nublan en los espejos
El gran instinto de la combustión se apodera de las callejas donde ellas se
mantienen
Como abrasadas flores
Lejana la mirada provocando un viento de piedra
Mientras se abisman inmóviles en el centro del torbellino
Nada iguala para mí el sentido de su pensamiento en vilo
La frescura del arroyo donde sus botines empapan la sombra con sus picos
La realidad de esos haces de heno segado en los cuales desaparecen
Veo sus senos que dejan una punta de sol en la noche profunda
Cuyo descender y elevarse es la única medida exacta de la vida
Veo sus senos que son estrellas sobre las olas
Sus senos donde llora para siempre la invisible leche azul

 

 

 

 

ÚLTIMA RECOGIDA

 

La carta que espero viaja de incógnito en un sobre
La estampilla la cubre y allende
Esa estampilla está sellada por el zodiaco
Se hace mucho esfuerzo para descifrar mi nombre en su festonado
Cuando me alcance el sol se habrá vuelto frío
Habrá escombros en la Place Blanche
Entre los cuales se distinguirá mi decisión
Semejante a una rueda de ardillas
La abriré con un golpe seco de remo
Y me dispondré a leer
Lo que no dejará de provocar una aglomeración de gente
Pero no me detendré
Las palabras jamás oídas desaparecerán
Serán una llamarada y lucirán en una jaula de amianto
Suspendida en el árbol de las adivinanzas
La carta que espero tendrá el color de veleros extintos
Pero las noticias que me traerá sus formas de rocío
Reencontraré en esas formas todo lo que he perdido
Esas luces que mecen las cosas irreales
Esos animales de metamorfosis que me han vuelto razonable
Esas piedras que pensé lanzadas para perderme a mí mismo
Cuán mínimas son las dimensiones de la carta que espero
Con tal que no se pierda en las partículas de veneno

 

 

 

 

VIOLETTE NOZIÈRES

 

Todas las cortinas del mundo cerradas sobre tus ojos
Por más que intenten hasta el cansancio
Ante su espejo que detiene el aliento
Tender el arco maldito de la ascendencia y de la descendencia
Ya no te pareces a nadie vivo o muerto
Mitológica hasta la punta de las uñas
Tu prisión es la boya que ellos procuran alcanzar en su sueño
Todos vuelven allí ella los consume

Como se alcanza la fuente de un perfume en la calle
Devanan a escondidas tu itinerario
La bella colegiala del liceo Fénelon que criaba murciélagos en su pupitre
El narciso de las nieves del pizarrón negro
Regresa a la casa familiar donde se abre
Una ventana moral en la noche
Los padres una vez más se sacrifican por su hija
Se han puesto los cubiertos en la mesa de operaciones
El buen hombre para ser más real se ha puesto de negro
Mecánico según dicen de trenes presidenciales
En un país de averías donde el jefe Supremo del Estado
Cuando no viaje a pie por temor a las bicicletas
No tiene nada más urgente que tirar la señal de alarma para ir a divertirse en
.mangas de camisa ante el talud
La excelente mujer ha leído a Corneille en un libro de clase de su hija
Es francesa y lo ha comprendido
Como su apartamento comprende una singular trastienda
Donde misteriosamente brilla una ropa interior
Ella no es de las que esconden riéndose veinte francos en sus medias
El billete de mil cosido en el dobladillo de su falda
Le asegura una rigidez pre-cadavérica
Los vecinos están contentos
Por toda la tierra
Contentos de ser los vecinos

La historia dirá
Que el señor Noziéres era un hombre previsor
No sólo porque había ahorrado ciento sesenta y cinco mil francos
Sino sobre todo porque había escogido para su hija un nombre en cuya
primera parte se podía inferir psicoanalíticamente su programa
La biblioteca de cabecera quiero decir la mesa de noche
Fuera de eso ya no tiene entonces sino un valor ilustrativo
Mi padre olvida a veces que soy su hija
El turbado
Lo que de una vez teme y sueña en traicionarse
Palabras cubiertas como una agonía sobre el musgo
El que dijo haberlas oído de tus labios desafía todo lo que vale la pena de ser
desafiado
Esa especie de coraje es ahora el único
Solo él nos resarce de esta embestida hacia una glorieta de capuchinas
Que ya no existe
Hermosa glorieta semejante a un cráter

Pero qué socorro
Otro hombre a quien hiciste partícipe de tu desamparo
En un lecho un hombre que te había exigido el placer
El don siempre incomparable de la juventud
Recibió tu confidencia entre tus caricias
Cuán oscuro debió ser ese transeúnte
Que solo supo lanzarte una bofetada en la noche blanca

Lo que huías
No podías perderlo sino en los brazos del azar
Que torna tan flotantes los fines de los atardeceres en París que rodean a las
mujeres de miradas de cristal enloquecido
Entregadas al gran deseo anónimo
Al cual hace maravillosa única
Silenciosamente eco
Para nosotros el nombre que tu padre te ha dado y arrebatado
Nos deslizamos donde se posó tu alto tacón de azúcar

Es igual que crean o aparenten no admitirlo
Ante tu sexo alado como una flor de las Catacumbas
Estudiantes viejos periodistas podridos falsos revolucionarios sacerdotes
jueces Abogados vacilantes
Bien saben que allí concluye toda jerarquía

Sin embargo un joven te esperaba enigmático en la terraza de un café
Ese joven que en el Quartier Latin vendía al parecer en sus ratos libres
L'Action Francaise
Deja de ser mi enemigo porque tú lo amabas
Podríais haber vivido juntos aunque sea tan difícil vivir con su amor
El te escribía al partir Infame querida
Es hermoso aún
Hasta que exista información más amplia el dinero infantil no es sino la espuma
de la ola
Mucho tiempo después las instituciones de caballería y la caballería de los
perros
Violette
La casualidad solo será poéticamente una mujer sola en los bosquecillos
inencontrables del Campo de Marte
Sentada con las piernas en X sobre una silla amarilla

 

 

 

 

YO SUEÑO TE VEO INDEFINIDAMENTE SUPERPUESTA A TI MISMA...

 

Yo sueño te veo indefinidamente superpuesta a ti misma
Estás sentada en el alto taburete de coral
Ante tu espejo siempre en su cuarto creciente
Dos dedos sobre el ala de agua del peine
Y a la vez
Vuelves de viaje te retrasas la última en la gruta
Brillante de relámpagos
No me reconoces
Estás tendida sobre el lecho te despiertas o duermes
Te despiertas donde estuviste dormida o en algún otro lugar
Estás desnuda la bola de saúco rebota aún
Mil bolas de saúco bordonean encima de ti
Tan livianas que a cada instante son ignoradas por ti
Tu aliento tu sangre salvados de la loca truhanería del aire
Cruzas la calle los coches precipitados hacia ti no son más que su sombra
Y la misma
Niña
Cogida en el fuelle de lentejuelas
Saltas a la cuerda
Tiempo suficiente para que asome en lo alto de la escalera invisible
La única mariposa verde que frecuente las cimas de Asia
Acaricio todo lo que fue tú
En todo lo que sigue aún
Escucho silbar melodiosamente
Tus brazos innumerables
Única serpiente en todos los árboles
Tus brazos al centro de los cuales gira el cristal de la rosa de los vientos
Mi fontana viva de Sivas

 

 

 

 

ME DICEN QUE ALLÁ LAS PLAYAS SON NEGRAS...

 

Me dicen que allá las playas son negras
De lava encaminada a la mar
Y se extienden al pie de un inmenso pico humeante de nieve
Bajo un segundo sol de canarios salvajes
Cuál es pues ese lejano país
Que parece extraer todo su esplendor de tu vida
Tiembla muy vivo en la punta de tus pestañas
Suave a tu tez como un paño inmaterial
Recién salido del arca entreabierta de las eras
Detrás de ti
Lanzando sus últimos fuegos sombríos entre tus piernas
El suelo del paraíso perdido
Vidrio de tinieblas espejo de amor
Y más abajo hacia tus brazos que se abren
Es prueba por la primavera
DESPUES
La inexistencia del mal
Todo el manzano en flor de la mar

 

 

 

LA CASA DE YVES

 

La casa de Yves Tanguy
Donde no se entra sino de noche

Con la lámpara tempestad

Afuera el país transparente
Un adivino en su elemtno

Con la lámpara tempestad
Con el aserradero tan laborioso que no se le ve más

Y el lienzo de Jouy del cielo
Cazad vosotros lo sobrenatural

Con la lámpara tempestad
Con el aserradero tan laborioso que no se le ve más
Con todas las estrellas de santo cielo

Ella es de lazos, de jambas
Color cangrejo en guiso

Con la lámpara tempestad
Con el aserradero tan laborioso que no se le ve más
Con todas las estrellas de santo cielo
Con los tranvías reducidos en todo sentido por sus únicas antenas

El espacio atado, el tiempo reducido
Ariadna en su recámara-estuche

Con la lámpara tempestad
Con el aserradero tan laborioso que no se le ve más
Con todas las estrellas de santo cielo
Con los tranvías reducidos en todo sentido por sus únicas antenas
Con la melena sin fin del argonauta

El servicio es cumplido por esfinges
Que se vendan los ojos con corpiños

Con la lámpara tempestad
Con el aserradero tan laborioso que no se le ve más
Con todas las estrellas de santo cielo
Con los tranvías reducidos en todo sentido por sus únicas antenas
Con la melena sin fin del argonauta
Con el fulgurante mobiliario del desierto

Allí se hiere allí uno se cura
Allí se conspira al descubierto

Con la lámpara tempestad
Con el aserradero tan laborioso que no se le ve más
Con todas las estrellas de santo cielo
Con los tranvías reducidos en todo sentido por sus únicas antenas
Con la melena sin fin del argonauta
Con el fulgurante mobiliario del desierto
Con las señales que intercambian de lejos los amantes

Es la casa de Yves Tanguy

 

 

 

 

ULI

 

Por cierto que eres un gran dios
Te he visto con mis propios ojos como nadie
Aún estás cubierto de lodo y sangre acabas de engendrar
Eres un viejo aldeano que nada sabe
Para reponerte comiste hasta más no poder
Estás plagado de manchas humanas
Se ve que te has forrado hasta las orejas
Ya no escuchas
Nos guiñas el ojo desde un fondo de caracola
Tu creación te dice arriba las manos y aún así amenazas
Tú das miedo tú maravillas

 

 

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