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Amantes antípodas

Enrique Molina

Poemario homónimo publicado por Editorial Losada en 1961.
Enrique Molina nació en 1910 y murió en 1997,
en Buenos Aires, Argentina.

 

 

 

I. DERIVAS

 

 

 

 

Nunca he estado más seguro de que la vida y la muerte son una misma cosa, y que no se puede disfrutar o abrazar una de ellas si la otra está ausente.

Henry Miller

 

 

A
Aldo Pellegrini




I. DERIVAS

  

 

 

CIRCE

 

Solo contra la tierra
este sudor de instintos ha deshecho mi rostro de pájaro confuso
extraviado en los restaurantes de los tejados bajo la mañana sin oficio
convertido de pronto en la bestia inocente que ronca entre las flores
una mano de adiós
un golpe de olas en el alma

Disfrazado de playas y ciudades que pasan
las promesas se olvidan como en sueños
como un reverbero de moscas sobre tales países sin escrúpulos ni socorro
en las eternas fogatas del tiempo
entre las plagas de la inconstancia
mientras se coagula al sol un vino de archipiélagos
-oh carne sobrenatural con tu incomprensible gemido celeste torturado y
salvajemente vivo en las venas-
ahora que revisto la piel del cerdo fosforescente
el olfato del camino
su relámpago de mujeres dormidas exhalando el perfume penetrante de la
tristeza
de plumas de sexo barridas por el viento

Pero te recobro
oscuro corazón de prisionero y de desafío
ciego corazón humano
con el hechizo de la corriente
vacilaciones, éxtasis y terrores
y el musgo de abismo que brilla entre dos bocas que se besan
para ser nuevamente sólo un hombre sin más amparo que tu furia
sin otro cielo que tu aliento
como una blasfemia deslumbrante como un lazo demente
tendido a los más puros vampiros de la tierra

 

 

 

 

ITINERARIOS

 

Tu cuerpo y el lazo de seda rústica que conduce a las plantaciones de la
costa
al sudor de tu cabellera quemada por las nubes
a los instantes inolvidables
-tantas mutaciones de nómada y de clandestinidad
tantos homenajes a una belleza salvaje
que exige el desorden-
¡oh raza de labios de abandono
hechizada por la vehemencia!
y nuestra fuerza de profundos besos y tormentas
para el infierno de los amantes
hasta volver a su placer fantasma
a su ola de hierro de ayer detrás del mundo!
Aquellos hoteles...
Todas las rampas de la vida cambiante
la velocidad del amor el mágico fitro de la excomunión
la hambrienta luz del desencuentro en nuestras venas de azote
cartas desamparadas antiguas prosas de la noche de los abrazos
y el solitario frenesí de las palmeras
cuando en la ausencia
creciendo hacia mi pecho el fondo de la tierra me devuelve de golpe todas
nuestras caricias
el nudo furioso de la pasión en las negras argollas del tiempo
aquellos moblajes de desvalijamiento y de lluvias
luz de senos en el mar y sus gaviotas y músicas
sobre un altar de desunión con grandes lunas fascinantes sin más pradera que
tus ojos
país incorruptible
país narcótico
con risas del alcohol del viento
y tu pelo sobre mi cara
y las cálidas bestias doradas por el trópico
y el jadeo abrasador de la ola que vuelca en tu corazón su grito de espasmo y
de caída
y de nuevo esos lugares intactos para el sol
y de nuevo esos cuerpos ilesos para el amor
en medio del perezoso meteoro del día
levantando hacia el alma aquel esplendor
los paroxismos el lecho de las dunas y de la corriente con sus besos en
marcha
y las tareas de los amantes mientras la llamarada de la muerte brillaba
alrededor de sus cuerpos
como un afrodisíaco
avivando el deseo
el hambre
aquella furia de ayer detrás del mundo!

 

 

 

 

NO, RÓBINSON

 

En tu isla Róbinson verde recamado con la pelambre del desvarío
los helechos descomunales
las estrellas con el loro virgen y la cabra atravesada por el rayo
¡aquellas fiebres!
la cueva con la barrica tiránica bajo la lluvia en las sentinas inmensas
contra la empalizada de la noche
el océano hasta la cintura
y la sombra de tu mano sobre tu mirada desgarradora
posada en la alcoba, escarlata de tu infancia
con los pilones hundidos del otro lado de la tierra

No cedas ahora viejo perro
no regreses con tu manzana hirviente arrastrando tus plumas de oscuro
pájaro evadido
y ese olor a raíces y setas en la luz del cuchillo
confabulado con los secretos de la luna
tu calabaza de anfitrión abandonada a la saliva marina
tus visiones
tu hosco esplendor entre las valvas ciclónicas
las matemáticas del horizonte hasta el infinito
sin más guitarra que la fogata del naufragio encendida no importa dónde
entre los arrecifes y las lentas piedras del crepúsculo
que crujen de modo tan triste
bajo tantas aguas

Más abandonado que un dios
más salvaje que un niño
más resistente que las montañas contra ese cielo que te disputa tus
alimentos legendarios
¡ah Róbinson sin auxilio ni terror ni remordimiento!
la huella de tu alma en la soledad hasta el portal de tu casa en York mientras
tu pisada de yodo ignora todas las reliquias
a la medianoche convertido en pesadilla
tocado hasta la médula por la gracia del abismo
vociferando contra tu padre inexistente entre los mástiles arrastrados por la
resaca!

La ciudad fangosa bebe en el alba la leche muerta de los corazones allá lejos
bajo el oro de sus ropas
pero no vuelvas la cabeza
ahora que el carruaje de los esporos y los saurios pasa con tanta tibieza
como una caricia
sobre tu isla rechinante
en la pureza de tu exilio
¿y a qué tu grito
tu mano abierta en la que cae la lluvia?
¿a qué tu negra Biblia contra la Biblia de vello de tu pecho,
esa plegaria a nada
a todo
Róbinson sin propiedad y sin altar dueño del mundo!

 

 

 

 

SANGRE VIVA

A Luis Seoane

 

Después de verte abrir la vieja casa del planeta y cargar su cielo de pájaros
y su tierra de tumbas
y deslizar en los acontecimientos de la primavera tus regueros sin memoria
para poner un fuego de yegua en la habitación que se bambolea en las
corrientes del cielo con el despertar perezoso junto al tesoro irradiante
de otro cuerpo en incomparables mañanas con un terrible tajo en la
garganta
en ciudades nómadas y lugares que se escurren bajo mis pies y el rumor de
las eternas ruedas del año sobre toda comarca y ser y a orillas de
cualquier cementerio y en cualquier guarida de amantes depositada
como un fardo sobre los hombros de la tierra y en la que haya muslos
que se entrelazan y ellos se desvisten para resplandecer como el océano
libres hasta los huesos y mucho después en el bisel del día el brazo
desnudo se dobla en lo alto sobre la cabeza de la mujer con una chispa
de sol en el codo mientras se peina ante el mundo con el líquido del azul
y el rojo abisal de los besos

¡Oh sangre viva todo lo espero entonces de tu terror y de tu hambre!
el fósforo blanco de los muertos en sus vagas terrazas donde aullan los perros
y tanta delicia sombría en la cintura del instinto
la idolatría la revelación la sensualidad
¡esas manos ardientes que de pronto deslizan la almendra de la luna y el olor
de la noche!

Sangre mía trizada y eterna en tu resplandeciente corazón inexorable
tormenta erizo sagrado
no quiero otra piedad que tu amenaza otra ley que tu grito siempre bajo la
mira del cazador siempre a punto de caer de huir de retorcerte bajo la
planta de Dios
madriguera tentáculo
con el chasquido de la escollera y las calles saturadas por el azafrán de los
bares y dando paso a la caliente reverencia del vino y a esos ataúdes
veloces que circulan en el tráfico entre tu llamarada carnal en su rabiosa
desesperación y uno enloquecido en medio de santas gentes
desconocidas en la soledad de tus fermentos y el miserable testigo de los
goces ajenos en vastos lechos tendidos sobre la lujuria volcánica del
mundo soplando todo su imposible y su pasión sólo cumplida en el hambre
..llena de encuentros de correría y de cosas que se escapan

¡Oh hermosa sangre acechada en mi alma por tantas visiones divinidades
sueños y exorcismos! Y sobre los tenderos de negras venas aterrados
por tu grito puro
en la absoluta manigua animal de mi cuerpo
amo sólo tu reino
tu desgarradora mueca en la hierba
esas camaradas feroces que comparten con nosotros el pan del desierto!

 

 

 

 

TRIPULANTES

 

Entre las agrias aletas del barco madre y el lazo del horizonte
-¡compañeros míos!-
tan tiernos que cualquier país los atraviesa como una procesión de espejismos
en inciertas pocilgas para la sal de sus lenguas donde el sol reverbera
mientras la tinta azul de los tatuajes exhala en sus cuerpos el vaho de las
islas
pero cuando hierven nuestras almas
sólo perseguimos el viejo roce melancólico de la carne y el cielo
entonces la luna nos visita
las uñas centellean
y somos examinados como heridas por esas amigas sin súplica -remotas como
faros- que se acercan como una bahía y desaparecen en el alba al mismo
tiempo que la tierra
para purificar nuestro esqueleto con una brasa de manicomio!

El peón de cocina saquea una gallina congelada entre las letanías del buque
el contramaestre se desprende de la noche y se hunde en el mar
otro ve en él oleaje sólo la piel de una provincia y el color astral de un estero
entre el grito del loro las vociferaciones del amanecer y los fantasmas de la
deriva
viejos amigos
hermanos desfigurados por la ausencia
a quienes desaloja de sus lechos una zarpa marina
la vida a espumas
a loca sangre peligrosa
a oír en sueños el freir lejanísimo del escollo
esa batalla
de sangre y tiempo mezclados para siempre

 

 

 

 

LA FELICIDAD SIN TESTIGOS

 

Preparo mi alimento
la mesa indolente cambia de forma a la intemperie
toma la apariencia de una mujer
de un cuchillo que busca mi pecho
de proyectos al rojo nocturno de los fracasos
vitrina de viaje incendiada al rozar los paisajes secretos de la noche
a veces retumba un viejo día
aparece un hueso de nube
un insecto cerrando el paso a las montañas
una sonrisa helada
el tambor azul lejanía hecho de espumas
el camino inocente que asesina

Hierro de límites
la tierra con la negra amargura del olvido
aulla en su jaula
con mirada de lobo de ruinas
belleza insegura inalcanzable
el relámpago ha empapado esos rostros
el lecho se pierde a través de las ciudades y del follaje

No hay más llaves que tu deseo el temblor de rabia entre las piedras
el salvaje paraíso del sexo
con su polvo de fuego en busca de las almas
ninguna esperanza:
la puerta está rajada por la astronomía
el jardín es la risa de los muertos

 

 

 

 

HERMANO VAGABUNDO MUERTO

 

¿. . . Pero me importas ahora mientras giras en el infinito caracol de la esca-
lera con una sobrenatural máscara de moscas tu rabiosa voracidad de
vivir y la botella roja de tu aliento destapada de golpe por las nubes...?

(Acorralado por las raíces se ha vestido un corsé de hierro lleno de espinas
como los cactus gigantes con su ex-cara humana pasada a los cantos
rodados y a las derivas del Gulf-Stream y la brecha del muro por la que
penetra un detritus del sol sobre su pecho en Nueva Orleans
su cabeza de Rotterdam
el enjambre de hambrientos proyectos fulminados por las harpías del muelle
la ácida espectral risa del agua y el oficial andrajoso en la baranda del puente
con todo el estruendo de sus sueños como de niño cuando miraba
solitario desde el patio los pájaros intraducibles!)

Estabas vivo y sorbiendo el aire a grandes alas fuera de los dormitorios sin
domicilio ni constancia ni orden jerárquico ni comunión ni el suave confort
de la castración ni ojos parapetados tras un muro de ratas en oficinas
negras como vísceras

Sólo con labios sin dominación los tentáculos del sol extrangulándote en el
desván de las olas con un sofocado violoncelo un desgarrador latigazo
desde la luna
en esa exaltación de la memoria la sangre a ciegas en humeantes andamiajes
de rostros panoplias amigos desconocidos muchedumbres y esperanzas
inicuas en la eterna sombra de venas al filo del mundo cubierto de cálidos
cuerpos que brillan con el olor del África en los riñones y su reguero de
lujuria para los otros -sus amos- en noches ajenas como astros

Toda tu biografía sin cabeza ni honras fúnebres como no sea tu alma
insaciable y toda la vecindad explotando con su escándalo como una
lámpara estrellada contra el muro
en la pocilga en los subterráneos ardientes
donde silba el verano y toda una exasperación de lenguas nómadas cantando
en la yema de los dedos tus prácticas sexuales como la resaca penetran-
do y retirándose de lechos y susurros nocturnos hasta los huesos y los
grandes senos desnudos rojos como la demencia pero tú aún envuelto
por la mujer bajo el sello carnal del adiós con una llama del Templo de
Salomón en los labios una llama violeta del amanecer de la concupiscen-
cia cuando las últimas aves de la noche de los estragos
levantan su vuelo para siempre!

¡Oh la magnífica sensualidad penetrando bajo los más negros techos a través
de todos los muros y mandamientos
contra la enorme masa de estas ropas usadas toda la vida
y el muñón de la mano cortada con su chorro de fuego sobre la sábana
hirviente de las estrellas!

Y también con tus comestibles tu mesa tendida en los restaurantes anómalos
tu viejo vino desesperado para rociar el hierro de cada ancla que se levanta
la carcajada de cada puerta abierta que da al viento y toda tu voracidad
como una eterna tortuga de llamas posándose sobre tu vientre a través
de la tierra y la carne
con el bienestar de morder y mascar trozos cálidos ensaladas y frutas con
tales órganos y ácidos y los rayos de la comida como un fantástico himno
del fin del diluvio puesto a hervir con la sopa y los racimos de la
salvación!

Oh cuando vivías y tu cuerpo hacía fermentar una mujer como una levadura
de galaxias bajo su cabellera
y su exhalado grito de manigua entre las prendas remotas y espejos hasta
abrirse como una devorante madrépora de sueño
entre los rubros de una ciudad
en su cálido alveolo rodeado de gentes amenazadoras tan condenadas como
tu misma cólera y el relámpago de tus besos hasta saltar como una rota
vena del mar contra el mamparo en la feroz alegría de la mañana
Todo aquello de cada uno y que es mi propia vida sin embargo porque también
me pertenece tu tumba y tu maleta destartalada por el insomnio frater-
nidad y conjuro a través de la nada
¡todo lo que he amado y perdido sin extinguirse jamás y aferrado a mi cuello
con la garra amarilla de las palmeras!

¿Y quién te ha disfrazado ahora con ese rostro de vidrio sanguinario embutido
en el raso de la muerte para evolucionar en el corazón de tales caballeros
asistentes con tu sombría aleta de escualo a ras del día mientras te
devora las mejillas el vitriolo de tu barba...?

Pero los difuntos se alejan -simplemente- a escarbar en el ronco depósito de
lunas al extremo del mar
envueltos en esa misma lona de payaso fúnebre que se escurre
pidiendo a gritos una cerveza y una hostia

¿Y acaso me importa nada entonces
aquí
ahora que la menta de la lluvia ilumina nuestras bocas como mil años de
recuerdos
y dejamos un rastro profundo a través de las catástrofes y los despojos del
amor
sobre la tierra
en nuestro único reino
ahora que aún compartimos caricias corrupciones países de tormenta con
ardientes desconocidas de sonrisas sombrías llenas de flores
esas nalgas estivales que reverberan entre los proverbios del campo...?

 

 

 

 

ETAPA

 

Corrompidos por un resplandor de ríos y de grandes sorpresas hemos perdido
para siempre la paciencia de las familias.
Fuimos demasiado lejos. Libres y sin esperanza como después del veneno y
del amor
nuestra fuerza es ahora una garra de sol
los labios más infieles
y apenas nos reconocemos por esas extrañas costumbres de tatuarnos el
alma con la corriente.

El país es obstinado y anónimo. Con un solo lugar
con una sola palabra.

Vivir a esperar nada
a interrogar a besos
a noches bañadas en la sangre de las colinas y los errores
con esas mujeres opulentas y crueles que destellan en su reino de humedades
ardientes y funden en su mirada el oro de las lágrimas y el relámpago de
los astros
hechas de soledad y de inconstancia
invulnerables a la dicha
arrancadas de golpe a sus telas dementes por los serafines de la fiesta y el
tufo de los trenes.

Traficamos con plumas
con guijarros viento y frutas fanáticas que nos queman las manos.
hay que poblar de fantasmas estos terrenos salvajes
¡oh tanto verano en acecho bajo el trapo negro de los años!
pero del fondo de la caleta
los exorcismos de la lejanía extraen del alma un gran pájaro en llamas
el furor de estos días que despliegan sus velas y nos lanzan desnudos a las
avalanchas del corazón
a los ídolos al orgullo al ocio
al esplendor de tales desastres entre la algarabía de seres y encuentros en
los que cae como un incendio la simiente de las antípodas.

 

 

 

 

RESPIRACIÓN NOCTURNA

 

Sin embargo basta un gemido para corromper tu inmensa maquinaria
noche que presides las metamorfosis de esta habitación podrida por la luna
igual a viajes hechizados ciudades falsas y la atronadora antorcha del mar
ardiendo locamente en la sombra
y esos escaparates de tren en sueños con cosas ya acostumbradas a mi vida:
situaciones de tránsfuga
amistades dementes en restaurantes desvanecidos
la familia con su tosco niñito alrededor de la vajilla enferma el huevo lejanísimo
y tus manos partiendo el pan azul entre los muros
tantos pesados resúmenes del viento
tantos crujidos del mundo
vértigos
hambres
y la lista deforme llena de viandas donde apenas se enciende la negra lámpara
de algunas sopas indescifrables que humean en lo más hondo del año

Pero todavía bautizas con nombres salvajes las flores la costa y las piedras
que fueron inocentes en la luz
¡oh noche perdida en la desnudez del mundo!
verde hormiguero en marcha
cubierta de plumas y de briznas como los dioses que se revuelcan en los
cubiles de la jungla
¡Ah fiera solemne de las estrellas!
lame las criaturas violentas que circulan en tu grito
el sueño de los huérfanos deja caer en ti todas sus hojas
y hay una gota de sangre de dólmenes en tus labios
como el fósforo vago que ilumina en la estela el rostro sin dueño de las olas!

Noche mía tierna desnuda
con cabeza de tigre
en la maleza de las tumbas
lava mi pecho con el polen de la tormenta
húndete en mis costillas
cúbreme con una piel de leyenda de campesinos
dime adiós sobre mis ojos con ciudades que se abren como frutas
mientras jadeo en un musgo de sentidos ansiosos que palpan en lo oscuro el
revés de la trama
aquí donde se sella para siempre el pacto del hombre y el miedo
la alianza de las venas y los astros

 

 

 

 

LOS DIBUJOS DEL MURO

 

De lámpara a lámpara, de día a muerte, con plegarias de raíces que se des-
prenden, el fuego de los rostros se reparte a lugares hambrientos que
aúllan, a labios que los conjuran con nombres de ídolos, habitaciones,
ataúdes, hoteles del sol como
un brazo de mar tendido hacia las supers-
ticiones y el olvido.

Rostros que llevan más lejos que cualquier camino, se incendian entre los
tapices, jalonan los bordes del mundo.

Rostros hacia la tierra como un muerto, hacia la noche como una linterna,
hacia el alma como una galaxia de pasión, viudeces, romances agrios,
climas, separaciones.

Rostros barridos por el viento pero cuyos hechizos retornan como un zodíaco
de piedras palpitantes, cuya ternura cruel desliza una amenaza de
paisajes, un ondular de sábanas y humos, voces entrelazadas a la geo-
grafía y al sacrilegio, tinieblas del corazón de los muertos, expresiones
de cópulas, amaneceres pasionales, bocas lluviosas que exaltan la intem-
perie, sonrisas entrevistas como una brasa instantánea sobre la palma
viva del instante.

Facciones de naufragio en el infierno adorable de las superficies, entre las
inspiraciones súbitas de lugares que se evaden con sus sílabas de esper-
ma, su clima de flores migratorias, astros, y sus cimientos errantes fun-
didos por las lágrimas.

Rostros vampiros al olor de mi sangre.
Rostros de espuma contra el filo de Dios, de un dios de concha de tortuga y
de pedernal de tótemes, oh bellos rostros sin otro juez que sus gestos,
pintarrajeados con los aceites de la tierra, nuestros únicos trofeos sobre
el derrumbe inacabable de los elogios, entre las frustraciones embriaga-
doras de nuestras vidas.

Ahora que brillan en su carne bajo la aurora de sus cabellos, ahora que des-
nudan sus facciones eternas entre los tesoros humeantes de la cosecha.

 

 

 

 

PROTOCOLO Y FIN

 

La ornan con cintajos refranes de Biblia campanarios de los escombros
pintarrajeada de vieja vasija famélica
¿cómo de la garganta hasta las uñas ese furor estéril nutrido de campos
lluviosos y su luna de rata buscando la salida...?
La manipulan la ocultan la visten de muralla
pero se eriza y su aliento cubre de nata las mejillas de la tierra
y desnuda su negra cadera de brasas para aullar
azuzada hasta el alma
con un ademán lento
de viajero solitario que prepara su maleta

La cuecen al sol como a una ciudad perdida
la olfatea el león del desierto
-un escapulario en el vientre otro en la boca-
la precipitan desde lo alto del festín
la despluman la arrastran la incendian y arden sus ácidos
sus enormes trozos de esponja
todo cuanto encierra de sombra sin aliento y de buitre
todo lo que oculta de ostra y de abismo
los pájaros huyen de su brocal abierto en el cielo
nada brilla en el racimo helado de su rostro
desesperada miserable vencida
cerrada al fin cubierta de malezas tan suaves.

 

 

 

 

EXAMEN DE LA LLUVIA

 

La corriente el astro la astucia de la lluvia hace girar sus hélices descubre
sus altares de travesía donde canta la alquimia cuando pasa de pronto
una confesión de tierras y axilas oceánicas de fangos de piel de rever-
bero y de saurio y alza su máscara de nubes y helechos en el centro
blanco del olvido
con el fulgor de la marea en el torso sudado del estibador en la bodega del
trópico y ese teclado irresistible de pájaros que expanden su alcohol de
fuga en todos sentidos
esos altos velámenes que silban en el día
esas gargantas y senos y espaldas con la miel de la noche cuando se desnu-
da como una loca en la luz de todas sus ventanas errantes para la belle-
za salvaje de la tierra!
¡Lluvias! Tensas como la geometría
verdes como la dicha de los bosques
buscadoras de muertos y de tesoros vagos
propalando el paisaje como un vicio del alma una droga cuyo perfume enerva
a las sirvientas insomnes de la estación
que lavan cada hoja del instinto cada ademán cubierto de pronto de aguas y
balidos
cada rostro con la herida del cielo
donde fluye su aceite misterioso el totem vivo de la tristeza corazón de
piragua
y de tan lejos la lámpara del hotel a través del follaje
y de tan lejos un halo de sábanas que se entreabren con una pereza de
sierpes de caricias
con un poderío de mulatas que emergen de la siesta
idiomas orgullosos espacios armados de gruesas flores vagabundas
rememorando en suelos la manzana pálida de la convalecencia
el humo tierno y pobre que exhalan los lugares taciturnos de la memoria.

 

 

 

 

DIARIO DE VIAJE

 

Regiones nómades
con reliquias perdidas de la edad del fuego cuando el tacto abre su delta de
estremecimientos en grandes antros de sirvientas y ellas destellan
todavía en la arpillera de los campos como la mandrágora los astros
gemelos de sus pezones con el tufo del horizonte

Después la lumbre sobrenatural de lo obsceno y tantas habitaciones con un
globo de sanguijuelas en la aterrada noche del olvidado
el rumor de la mujer que llega por el pasillo inacabable acercando al corazón
su nombre y su aliento y a sus espaldas esa oscuridad de mi vida donde
de pronto las más bellas muñecas de incendio se iluminan para crear el
vacío tórrido de la ausencia entre tales tabiques traspasados por las
injurias de los vecinos

Luego la pareja arrastrada por el mar... tan perdidos... sin fuerzas sin
victoria... los labios brillando con la humedad de las granjas y de las
fiebres... Oh cuando era joven y la alquimia del mundo escogía los ele-
mentos de mi sangre para crear ciertas noches ciertos lugares de la
costa el sentimiento de una irresistible conducta de volátil y tipo disemi-
nado entre las quemaduras de la pereza y el grito de olvido apagado por
el bramido del camión que lo arrastra en la cuesta
¡toda su alma bajo la fabulosa máscara del sol!
Tierras de antorcha arrojada a la cara
el lecho jauría la boca incertidumbre la primavera éxodo esparciendo al
pasar ese polvillo de nácar que desprenden los senos
¡y yo sólo abrigado con la llama desierta de cada cosa listo para cualquier
frustración que despierte el relámpago del deseo sin esperanza cubrién-
dome de brasas que nunca cicatrizan y de ese vasto rumor de alas en
viaje nacido de las raíces incesantemente arrancadas!

Minaretes de viejas camas de hospedaje víctimas incandescentes malezas de
camarote atascado en la selva difuntos descoloridos sin memoria
cabezas donde ardió la fogata la voz salvaje de las lágrimas el grito de un
pájaro extranjero
anotaciones imprecisas campos flotantes en la corriente del camino llegadas
a lugares irrazonables situaciones del amanecer visiones postreras
abrazos guitarras y cocos

Por todas partes países que miran fijamente ternuras vacías a la luz de los
sueños y de las nubes
alcobas que se hunden en el mar

El amor con su ráfaga

Tierras furtivas...

 

 

 

 

UNA SILLA NATURAL

 

Silla remota oliendo a provincia con sus sentados desconocidos que estallan
en carcajadas ante el carbón de sus sopas
como un mueble congénito propio de mi raza
un ídolo tallado en la sombra doméstica
en la habitación infestada por enormes moscas azules

Pero sin explicación ni palabra ni bautismo
ofrecida por el hospicio
se hincha furiosamente como un artefacto delirante en la carpintería del caos
donde no son más terribles las abluciones de las estrellas
y el llanto de los muertos
que este objeto implacable y ritual apostado en mi destino:
una silla
la ciega esfinge de cocina contra cuyas membranas inmensas atruenan los
astros

 

 

 

 

LA BELLA PASAJERA

 

(Muerte
tienes tu viejo cráneo clavado en un palo tu boca curtida como la luna y tu
grotesco caparazón de mármol y cera
pero también tu cuerpo cálido como una bestia atrapada en el lazo de su sexo
esa elaboración de violaciones y el desgarrador reino del deseo poblado por
ángeles vacilantes con el cerebro vacío y fosforecente entre los avisos
callejeros
la puerta entreabierta hacia el desván de los amantes en las raíces de la selva
virgen con la insaciable botella de las harpías al pie de la cama en la
sombra genital bajo un cetro de moscas y llamas y el reglamento de los
hoteles como un negro prontuario del tiempo perdido!
Arde a besos el suave plumaje de tu carne tus senos brillan en la boca del
instante la inextinguible hembra ansiosa cantando sobre las sábanas
desnuda
pero también entonces la coz de tu risa con el moscón famélico en las venas
del que quiere sobrepasar con una sola palabra con una sola caricia el
límite reptil de tu sombra!

Pero también entonces desenrollas tu larga llama en el corazón de los deudos
furiosos cuando patean el relicario del difunto dormido con una paciencia
de asno en su pesebre de plomo
¡Y tanta harina demente en tus demoliciones...! Tantas islas quemadas en la
caldera de tu lengua...!
Y no me provoques ahora con tu acordeón de aduana sombría
¡Ah! pero si ardes sobre el tablón del embarcadero donde arrojan un par de
tortugas y toda mano recoge su fruta marina
puedes ser un suspiro de placer en el viento
un reverbero de polen el fuego irresistible que una mujer extrae del marfil
salvaje de su risa
y no sé qué exuberante vegetación qué red de instintos y flores
como un verano de súplicas rabiosas
se vuelca cuando ocultas el foco de lepra y de éxodo que ilumina tu mundo
bifurcado
hacia nada
hacia el sol!

 

 

 

 

 

II.- AL AIRE LIBRE

 

 

 

SENTAR CABEZA

 

La raza blanca la raza negra la raza roja la raza amarilla:
yo sólo conozco la raza violeta y la raza verde y la raza de tu lengua que
descifra el agua y el fuego

Seré rico -tú sabes- con la miseria y el hambre que hace correr los ríos
rico de errores de desollado y de piedra sobre la cabeza
rico como la paciencia y la piedad puestas al rojo

Y yo no tengo misión ni familia ni otra dialéctica que esos conjuros mortales
donde se deshace la espuma de los grandes escrúpulos
Pero obstinado siempre en el furor de un mundo que silba como una sirena de
fuga
por cada beso hacia el alma
por cada boca con el pan de las cantáridas
por cada latido que se precipita y estalla bajo el cautiverio de la tormenta

Seré rico -amor mío- bajo las patas de los caballos estrangulado por una
contracción de la noche sobre el oleaje
desvalijado por la noche del mar y la rapiña de las caricias
rico hasta la locura como un intruso inconfesable en todas las situaciones de
la pereza y en los lugares desiertos de la sangre
donde hay crueldad extravío poder
promesas incumplidas por el cielo

 

 

 

 

TIERRA TATUADA ANTES DE DORMIR

 

Abanicos de plátanos que se abren en la noche
las bordas del cielo con las calabazas del Amazonas y el olor de los jíbaros
fértiles cabelleras que devoran los hombros de servidoras salvajes como
sueños
paisajes nocturnos ardorosos como machos
espacios y ortopedias anónimas perdidas en aires de provincia
muebles sofismas cónyuges artesanías gualdrapas catecismos y falsas
ceremonias dominicales
fuegos y partidas de las que se desprenden andenes y campanas
canallas y aserraderos restos de olas piedras y hostias
casullas y lagartijas vestiduras insanas bisturíes calcetines sagrados y hojas
de afeitar
senos remotos orejas trozos de ópera nucas actitudes espectrales con sexos
vivos inexistentes
colgaduras berlinas de duelo sandwiches y guarniciones de plazas fuertes
desconocidas
canciones anómalas mulas y sacerdotes leporinos con sotanas viscosas de las
que salta un mono azul visible de lejos
mercaderías tropicales escalinatas estaciones baldías y nupcias en pueblecillos
deshabitados a los que arriban lentos fardos por el río con pájaros embal-
samados y embrios de campaña cubiertos de orquídeas y puñaladas
luces de tren casuarinas ausencias inexplicables y expediciones de infancia
extraviadas en enormes helechos
canela marina playas plumas adulterios ropas sacudidas en los tejados y la
estatuaria del cielo
cornetines especies lentejuelas genitales y tribus aullando con piedras
preciosas incrustadas en el vientre
ladridos...
zodiacos...

¡Oh recuperación de la inocencia cosas en libertad desnudez de fin del mundo
corriente de sargazos y de límites que se desfondan!
Es un conglomerado de nubes y relaciones instantáneas una vacilación de
reinos una tierra indecisa poblada de linternas cuyas luces atraen a esas
mulatas abrasadoras formadas un instante por el aliento de la estación y
el brillo del camino bajo la luna
Vínculos inusitados objetos deformes y lugares hirvientes entre los muros de
un ataúd de fuego
Un vago inventario de alma
Un continente que oscila entre la luz y el sueño
¡Y tantas maniobras del oleaje tanto territorio que se desvanece en espumas
alrededor de mi lecho derramando todos sus milagros y su confusiones
en este gran cuenco nocturno de antes de dormirme en el gran cielo
central de la mujer lejanísima que ahora respira una vez más como una
isla de pasión entre mis brazos!

 

 

 

 

TRÁFICO

 

Ruedas de rampa
aletargadas por el vals desierto del cielo
gris como un sable
con un crujido de grietas que se alargan
en todas direcciones
ruedas y ruedas y ruedas
sangrientas como el mar
ruedas de ruinas que humean como el caldo de la miseria
con días sin amor
en un país inexplicable y empapado
ruedas de sierra feroz en el alma
de coágulo lento
ruedas de plomo y de soplete oxhídrico cerrando la noche de algún muerto
en una habitación enmascarada
ruedas de navaja y de plaga
de viejos leones comidos por las moscas
fronteras en marcha caricias frustradas objetos en fuga
piedras que pasan en el viento
ruedas de manos que se buscan
de labios que se separan

Ruedas en la garganta
ruedas de costado abierto y de retorno solitario
por una tierra que se aleja
con todos sus humos y sus luces
con todos sus pájaros y sus besos

(¡Adiós bellas mujeres que exigís de cada abrazo
su más ardiente revelación de cenizas!)

Ruedas de rapiña de los sentidos
con rostros veloces como estrellas
lechos en una ráfaga del Paraíso
cuerpos acosados por el olor de la mañana
lenguas para llorar y para deslumbrarse
enfermos desplomados en el corazón
ruedas y ruedas y ruedas
de días que se pierden
en el torrente de los huesos
el brillo de los ahogados y de las cópulas
cuerpos incandescentes por su ausencia
cosas que fugan desde el alma
sobre los blancos rieles de la muerte
como un polen de fuego

 

 

 

 

 

III.- EL PASAJERO DE LA HABITACIÓN No. 23

A Octavio Paz

 

 

 

INADAPTACIÓN

 

Mi brazo de mar no cabe en la cocina mi otra mano del Golfo de México tiene
una fosforescencia de travesía y un garfio de estibador clavado en la
palma y se abre como un delta para derramar su reguero de luciérnagas y
estremecimientos
Maldito sea y tampoco mis labios tienen conducta ni sentido como una herida
desesperada que mezcla en la sombra todas las brazas del ocio y de la
noche
y tan ávidos
que bajo sus besos suelen dormir bellos cuerpos inciertos ¡tantas llamas
exhalando el destello de la demencia y el olor de las dársenas!

También mi cabeza es inapta como un hormiguero usado como velador como
una esperanza en este lugar de desencuentros como un indicador de
caminos en este país de élitros rotos y de insectos aplastados por la luz
Estéril como un médano mi lengua saborea el mar ponderando la delicia de la
alimaña que orina en un cáliz
A cada paso pueden cortarme los pies pueden clavarme como a un murciélago
sobre la puerta dorada del día
¡Y yo no tengo costumbres ni abuelos
porque bebo mi vino y lo injurio para bendecir sus grandes resortes secretos
que levantan en vilo el peso muerto de la tierra!

 

 

 

 

COMARCA PROPIA

 

Mi país es falso y sin techos cavando en la tierra como un perro
cavando en el cielo
cavando en el alma ¿para qué? En su rincón con la espuma de las moscas.
¡Estrellas! De noche es inútil encogerse como un feto.
No por eso deja de oírse el señorío famélico de los órganos y su rezo
¡aunque uno vuelva a aquellos días y a la negra circundada por el sudor de
las flores del mundo
a aquellas caricias que hacían blasfemar de placer a los cocheros fúnebres!

Fundado en la corriente mi país desnudo hace con sus dientes y sus anzuelos
un rumor de supersticiones bajo los plátanos
¡entonces una ola radiante como la siesta de la primera masturbación al pie
del molino como el primer descubrimiento de un astro hembra entre los
pliegues del sueño!
Y no me importa
llorar en su piedra país errante mío farsante
¿Por qué rechazaré tanto un cuerpo que quiero? ¿Por qué desearé tanto un
cuerpo que abandono?... País cocodrilo perpetuo al acecho al sol en el
bello fango
País droga
¡Partenón de hierbas podridas y estrellas con tu gracia tantálica y esas vastas
y ociosas imágenes salvajes del infinito cubiertas de lianas...!

 

 

 

 

LA VIDA NATURAL

 

Busca con tu lengua de amazona
con tu crueldad con tu olor de mujer que pasa
paladeando en sus lágrimas su sabor de deriva y de franquicia.
Busca lejos lo más próximo mío. Busca a mi lado
lo más lejano mío. Caen las estrellas
orgánicas
y busca ahora el ídolo de labios constelados
cuando con un gemido desposita en el viento
su gran bola de fuego.

Que nos libren sus uñas de estos trapos empapados por la miseria.
Hemos luchado como perros yo y mi temperamento con su desnuda y salvaje
inconsciencia. Una bestia se aferra a mi garganta como un lazo de lluvias.
Y tú busca la sombría brasa de no hacer nada y de perder pie. Busca en
mí tu rostro y tu sombra de guardiana contaminada por la tortura porque
no hay estrella más preciosa que toda esta hierba de las islas convertida
en deseo.
¡Y el ídolo con su roja mirada de fogonero entre el humo mojado de la locomo-
tora y su negro calor de tribu jadeando en el andén!

¡Que nos entregue su almendra táctil al borde del mundo!
Ese tesoro de decapitaciones
su hocico suave y cálido de asno que hecha su aliento en los sentidos
todo su misterio en el enjambre de violetas y besos desplegado por tu cuerpo
entre las maravillas de la noche.

 

 

 

 

MANERAS DE SER

 

¿...Y qué decir de tales revelaciones y metamorfosis en animales flores actos
y posturas extrañas en las curtiembres de espumas a lo largo de bocas
que se entrelazan a gritos reclamando una brasa del océano y una caricia
en los labios...?
el loco aullido de estas sábanas donde hierve el amor ahora y no después ni
en el sol ni en escaparates con obscenas ropas de mujer ni bajo las pie-
dras partidas por el rayo
ni en reliquias ni oraciones ni siquiera en pirámides siniestras conservando si-
glos de beso y las emanaciones del oro y las joyas
ahora porque la región del deseo se transforma continuamente en cuerpo que
despiertan en el fondo de sus venas y lanzan destellos a través de im-
placables vestidos
¡oh! aquí y no contra los hilos secos de mi carne y sólo donde extiendo mis
muslos junto a los tuyos donde se arrodilla el verano de los adioses y la
luna refriega su aceite de tumbas en la superficie de gentes que rememo-
ran elogios y sexos

¡Y no hay salida para mi!
¡no hay salida para mí entre los muros alados de la tierra!

 

 

 

 

NOCHE NOCHE

 

Fardo de tribunal húmedo miserable fardo de procesado sobre la tarima de
gelatinosas callejuelas en el sórdido tribunal de piedras conversaciones de
sanatorios y hoteles el embarcadero y las piernas heladas del cementerio
pegadas al suelo largo a largo
pero más lejos un puñado de llamas en la cocina del malecón un dormitorio
enfermo y desnudo en el brillo de la dársena un hueco de ausencia
abriéndose en todo rostro y en todo gesto y asestando en el pecho su
larga hoja y su súplica con el terror de las comuniones perdidas y los en-
cuentros inútiles

Fardo de pelambre de escalofrío
sobre la leche roja del muelle
¡Ven violador ladrón de olas envuelto en la lluvia de tu instinto en busca de
esta llave prodigiosa
que abre el jardín de los barcos y los arrabales del puerto
con bellas herejías
lavando todo pecado con una sola brasa de esas bocas carnales que destilan
el licor de los astros y repiten injurias y vociferaciones
porque estamos vivos!
¡Oh estamos vivos!
¡Ven merodeador saquea este fardo que nos ahoga y donde algo se oculta
con un ruego abominable que amenaza y solloza y hace girar su viejo
fonógrafo de presidio
abre de par en par su hormiguero y esos blancos senos de pronto descubier-
tos y los brazos melodiosos que surgen del lecho falso de viejos aguace-
ros de lujuria y todo ese oscuro andamio de amor y de sueño bajo esa
roída piel de mulo y de tienda de la meseta que cubre las cosas!

 

 

 

 

LLAMADA PERPETUA

 

Las mujeres de los andenes y las correrías sordas como flores y peinadas con
el marfil del olvido
reinas furtivas apostadas en cuartos desconocidos
sus lenguas nómades iluminando los corazones cuando sus ropas se disuelven
y como es natural su inocencia las hace dueñas de la tierra con el sudor
de sus bocas y arden sobre los muertos y las joyas mientras corre el sol
por sus espaldas
¡centelleantes como el
salto de la marsopa bajo la carcajada del trópico!

Y sólo su cielo de amnesia. Sólo sus pechos irreconocibles detrás de grandes
lluvias
carnívoras lentas perdidas de pronto en plena estación como una costa que
vira hacia la incertidumbre de otro aliento!

La luna de los hoteles con indecencias de otras razas. Una misma mirada
sirve de abrigo y amenaza. Criaturas cuya piedad nos exalta como una
hostia violada
cuya ternura nos enardece como el escorpión en su círculo de fuego.

¡Oh bellos dientes de los demonios que amo! Un sol de mujer que se evade
hasta la raíz de su sangre
rozando con su cuerpo todas las hojas del verano todas las plumas de la
locura todos los gallos decapitados bajo el filo de su presencia
¡como la llaga blanca del tiempo perdido!

 

 

 

 

LUZ DE PATÍBULO

 

¡No quiero morir! Me digo a menudo como un imbécil descorriendo los paños
agrios del amanecer sobre mi máscara de mono
sobre mi corazón sin principios
¡entre la avaricia de la tierra confusa y ardiente como el camarín de una loca!

No quiero morir sin conocer a fondo una piedra una mano la rueda de hormigas
y vino que mueve la noche la amistad de los pájaros en esas regiones
baldías donde se muele la harina sin fin del calendario
con mi alma de encrucijada y de caricia girando en el viento de la frustración
excitante como el horizonte
¡como un sexo insatisfecho hasta los últimos óvulos de la costa que se pierde
de vista!

¡No quiero morir! me digo aullando con la apuesta perdida de otro día en plena
sangre
yo que insultaba a esos cargadores de inmundicias y a esos otros devoradores
de migajas benditas por amor a la muerte
exijo una piel de orquídeas bajo la demencia de las estrellas
una injuria de prisionero secuestrado por las olas
esas mujeres fanáticas insomnes en sus pobres hospitales de besos entre los
fuegos nocturnos

Yo hijo de labores incompletas y legiones extrañas
hijo de sementeras errantes y de matrices ansiosas
hijo de corrientes de uñas hambrientas
hijo de hembra fosforescente
no quiero morir bajo mi piel
bajo mi voz
para vociferar en la sombra tras esos ventanales inmensos y empañados
donde apoyan la frente criaturas de muralla y de lluvia...

 

 

 

 

ALTA MAREA

 

Cuando un hombre y una mujer se han amado
se separan se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras sus
plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor de sus cuerpos
con el lazo fulmíneo de las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto con la palidez
de la tristeza y todos los gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o enfundadas en ropas
polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los días
indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro cielo
en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un enorme
galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo marítimo con
el desplomado trono de las olas y el árbol de la hélice que pasaba
justamente bajo mi cucheta
este es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo desesperado
como una fiesta en su huracán de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las aguas y de
los campos con las violencias de este planeta que nos pertenece y se
nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos como un
pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el cabo de
Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que acecha en
el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio
y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia del verano y el
remolino de las hojas sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed
intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer se han amado
se separan.

 

 

 

 

EL PASAJERO DE LA HABITACION Nº 23

 

Tan próxima la noche susurrante pálida mirada de vainilla de carretera y el
cielo vivo de sus muslos
¡Oh sangre de otra época velamen aliento de embarcadero!
Un hotel de rapiñas y exclusas extiende bajo las plantas su galería excitante
como un seno y crea la nostalgia
el negro inventario de brasas
-un muladar de cantos del país y comidas-
de violaciones inacabadas
de entrevistas de condenados
que han bebido el mismo filtro fascinante de cosas que se abandonan
el mismo licor de insomnio y añoranza

Es alguien que toma un tren
su camisa tejida por las olas
alguien engendrado de naufragio y de desorden
un pájaro
alianzas del viento y la corriente
y esas depredaciones sin esperanza en hogares imaginarios con sacramentos
de donde vuelan plumas
y temblando en su sueño junto a una mujer de las antípodas abraza arenas
lejanías batallas
amantes sólo cautivas de un sollozo
amigas irreconocibles y transparentes hundidas hasta el perdón en su
estrecho relámpago

Extraño lugar
como una espuma de fuego en torno a las piedras de sus chozas
arrastrado a gritos desde su costa natal hasta la sombra de un nido de águilas
con regiones mutiladas
con la nube de estrellas del tren de los campos
con árboles giratorios que pasan silbando
con frutas en fuga en desiertos inmensos
y camareras desnudas en plena noche
en plena ignorancia
lámparas entrevistas con los ojos cerrados
cuerpos desgajados de otros años prisiones de felpa y vestiduras
desconocidas
lenguajes e injurias
mostradores y sangre
en hospedajes estériles que se abren las venas
en la oscuridad del corazón
kilómetros y kilómetros
como un país volando en la memoria
con labios que se evaporan
con costumbres de salamandra

en el viejo sarcófago del ocio labrado con lentas callejuelas
y yo reverencio la gloria de las prostitutas disputo a las moscas un cálido foco
de setiembre reniego de mi origen y mi nombre hasta yacer entre los más
bellos escombros celestes donde brillan los besos
en el humo del desarraigo
un golpe de ala
una historia que empieza una vez más
una historia cerrada para siempre

Extraño lugar
con frutas interrumpidas
y el harapiento muro del hospicio lleno de setas negras bajo la dentellada de
los ángeles
y el balcón de madera podrido por las olas
y las llegadas a ninguna parte
el gran crujido vecinal de un cielo precario que vocifera desde lo alto de su
púlpito en el gallinero donde tienden las sábanas
la cocinera muerta entre sus hierbas
remordimientos mingitorio hospedaje de pira frazadas de comunión vagabunda
todavía erizadas por el tufo de la caleta
a voces
a carcajadas
kilómetros y kilómetros
de lluvias contra el alma
de mujer que se viste para partir
y el epílogo de arrabales envenenados que proliferan con su tablón de
bebedores
-¡amigos míos amigos míos-
en el errante corazón del tiempo

Extraño lugar
poblado por rostros en marcha y vagas costumbres pasionales entre los
horarios del camino
los lechos se desprenden del fuego
las cabezas asoman a través de los muros
y las mujeres ondulan predichas por el olvido en los oráculos vagabundos
con tabaco vino vestidos desgarrados y cartas ardientes como una pastoral
de besos
recibiendo en pleno pecho la bala emplumada del delirio
el rayo de cosas que se evaden
con el oro al rojo de las lágrimas

¿Hasta cuándo se hundirá esta vida...?
Vida de perro
amortajada ebria en llamas
invadida por caricias irresistibles y los secretos escorpiones del cielo
devorando nuestros cerebros
en alcobas dársenas y sanatorios sumergidos bajo la maleza
kilómetros y kilómetros
corrompidos de lujuria y leyendas inútiles
noches exaltadas por alas insaciables
noches de amor con su naufragio fosforescente
noches insensatas en su gran llamarada de desaciertos y catástrofes!

Pero continúo oscuro como un saurio entre las aguas torturadas del sexo y
estas orillas que resplandecen
mientras desato las vendas lentamente
infiel como el pan de la deriva
muy lejos en hierro de tren en sangre coagulada en años consumidos al
estertor de historias solitarias atravesadas por fantasmas
muy lejos de todo hogar y de todo amor
en ciertos parajes misteriosos que atruenan como una manada de reses
extraviadas en las ciénagas
la navaja al alcance de la mano
y el graznido de migraciones alrededor de la tierra
sobre mi cabeza de pasajero que bebe seriamente su extraño desayuno
en la gracia lívida del alba
un día cualquiera
al despertar en la habitación número 23.

 

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